El otro día comentaba con una amiga que me cuesta enteder cómo, con el tamaño que tiene el sector servicios en Alemania, el servicio es tan malo.
Puede que la industria sea el primer sector de la economía alemana. Pero los alemanes gastan mucho y es sorprendente lo mal que te atienden en las tiendas; y en los restaurantes o bares ya ni hablar.
Su teoría es que en Alemania se da lo que en marketing se conoce como orientación al producto. Básicamente te dedicas a crear un buen producto, y eso los alemanes (en general) lo hacen bien. Pero te olvidas del mercado, o los clientes. Por contra, EEUU tiene una orientación de mercado, sus productos por lo general son malos, pero le dan al consumidor lo que quiere. El ejemplo es el iPod. Técnicamente no es el mejor por su precio, pero es un iPod....
El tema salió porque un poco antes había estado en una librería buscando un libro, que sabía que no iban a tener y quería reservarlo.
Antes de ir había comparado precios y disponibilidad en la versión alemana de Amazon, en la americana y en la Mayersche. La libreía a la que fui.
En Amazon.de no lo tenían, sí lo tenía la .com y también lo tenía la Mayersche. En la Mayersche era más caro, pero si le sumas los costes al final sale igual o más caro. Y el plazo de entrega es más o menos similar, dos semanas.
Para ahorrarme los costes de envío decidí reservarlo directamente en la librería. Como sopechaba no lo tenían, y tras conseguir que me atendieran, le pregunté a la chica si lo podía reservar. Ella, sin comprobar en el ordenador, me dijo que tardaría de 4 a 6 semanas cuando en la web decía máximo dos. Para eso lo pedía por la web y me quitaba de rollos, así que me marché.
El caso es que mi amiga me recordó que también está Amazon.co.uk, que además suele tener precios más baratos que Amazon.de.
Resultó que la versión inglesa de Amazon sí tenía el libro, y el plazo de entrega era de 2 o 3 días laborables, y un 60% más barato que el precio de la Mayersche. Además, para aprovechar los costes de envío compré algunos libros más, libros que pensaba comprar en la Mayersche, pero ya que estaba aproveché, especialmente porque eran más baratos que el precio de la Mayersche. Casi mitad de precio.
Además ayer me llegó la confirmación de Amazon de que ya han mandado el paquete y me tendrá que llegar esta semana, en vez de las dos con la Mayersche.
Si la chica se hubiera molestado un poquito se lo habría comprado a ellos, más otros libros. Como no lo hizo, ahora en vez de gastarme 30€ en su librería me los gasto (y algo más) en la competencia. Que me da mejor servicio.
Y esto es algo que no entiendo. Ganan dinero, porque la Mayersche hace dinero, como muchas tiendas en Alemania. Pero si se esforzaran un poquito seguramente podrían hacer más. No en vano Alemania es uno de los tres países que tienen versión de Amazon. Por algo será.
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lunes, 9 de noviembre de 2009
jueves, 4 de junio de 2009
Temo por mi salud
Érase que se era un pringao muy pringaete que decidió volar con Iberia. Nuestro pringaete se levantó una mañana de enero (digamos el 5) a las 4:30 de la mañana para coger el avión que le llevaría de vuelta a su casa en el extranjero.
Se levantó tan pronto porque su avión salía del aeropuerto (pongamos por ejemplo Pamplona) a las 6:50. Así entre legañas y bostezos tomó un rápido desayuno, se subió al coche y se fue al aeropuerto que queda a una hora de su casa. Tan pronto a la mañana no hay tráfico pensó, y con un vuelo tan pronto y un aeropuerto tan pequeño no habrá mucha gente y una hora de antelación bastará.
A esto ocurrió que nuestro amigo el pringaete llegó a su hora al aeropuerto de Pamplona. Aún estaba oscuro y hacía frío, pero en un acto de arrojo y valentía salió del coche y se dirigió a la terminal casi vacía a través del tenebroso parking del aeropuerto, poblado de vacilantes sombras y seres extraños con ojos cuasi cerrados y andares erráticos.
Según se acercaba a la incandescente luz de la terminal, nuestro pringadete se llenaba de coraje y alegría al haber llegado sin contratiempos a la cita con su amada vía aérea. Pero toda esta alegría se vino abajo al comprobar que el malvado ogro navideño había secuestrado su vuelo.
Inútilmente nuestro amado héroe buscó al guardián de la puerta del equipaje, no estaba allí, y a lo único que podía aferrarse era al cartel informativo en el que se anunciaba la cancelación del vuelo.
Minutos después, tras una angustiosa espera, el guardián de la puerta del equipaje de Iberia apareció como aparecen los seres elevados, discretamente, sin hacer ruido, observando a la angustiada plebe intentando no soliviantar su ánimo. Y con flema profesional se dedicó a recolocar al resto de pringaetes y pringaetas que se habían quedado sin vuelo.
Nuestro pringaete tuvo la fortuna de cazar un asiento en el siguiente vuelo a Madrid donde tenía que coger su conexión para llegar a su casa en el extranjero. Pero no todo iba a ser tan fácil, pues el malvado ogro navideño lo había planeado todo, ya que el vuelo a Madrid salía a la misma hora que su vuelo al extranjero desde Madrid. Pero era su día se suerte, y consiguió la última plaza del vuelo al extranjero. ¡Hurra! Eso sí, 7 horas más tarde de lo previsto.
Indignado ante tal atropellado, ante tal osadía y brivonada por el ogro navideño, nuestro pringaete se fue a buscar al Sabio de Iberia para que le narrara los detalles de lo ocurrido y exigir una restitución a su honor.
El Sabio de Iberia, con cara de resignación tras varios días atendiendo a pringaetes y pringaetas en atención al cliente, le deslizó por la ranura del cristal mágico un conjuro para que el pringaete rellenara. Este mágico conjuro conseguiría que el malvado ogro navideño se llenara de culpa y pesar, y, en un acto de constricción, compensara al pringaete por el daño causado por sus malas acciones.
Tras rellenarlo y guardarse una copia, nuestro pringadete se sentó en las gradas del gran salón de recepciones a esperar la salida de su nuevo vuelo a Madrid dos horas después. Pero el malvado ogro navideño, oculto en su oscura guarida tenía otros planes, y así se las apañó para que el vuelo llegara y saliera tarde.
Al fin, el gran cantor hizó resonar su voz chillona y llena de ruido para que los pringaetes y pringaetas que volaban a Madrid se dirigieran al control de seguridad, donde los caballeros del arco magnético comprobaban que ningún malvado malandrín pudiera colarse y hacer daño a los pringaetes.
A su llegada al mágico recinto de la T4 de Barajas, nuestro pringadete, con un poco de resignación y mucho de sueño, se dispuso a pasar las 5 horas y pico hasta su siguiente vuelo. Pero antes de salir, como el estómago le reclamaba su peaje, decidió ir al gran oráculo de Iberia en la T4 a que le dieran el pergamino canjeable por una comida al que tenía derecho. Pero el oráculo no estaba disponible, pues una gran orda de pringaos esperaba durante horas a que les resolvieran sus problemas. El ogro navideño había lanzado un gran ataque general y los afectados no se podían contar ni con 100 manos.
Al fin, tras mucha espera, mucho sueño y mucho arrojo, nuestro pringaete llegó a su casa con la esperanza de que el conjuro tuviera efecto y el malvado ogro navideño le restituyera por sus daños.
Pero he aquí que el tiempo pasaba, los árboles, antaño desnudos empezaron a cubrirse con su verde manto. El sol, antes desaparecido, empezaba a visitarle cada vez con más frecuencia mientras el insensible frío se tomaba unas cortas vacaciones. Y sin embargo, el malvado ogro navideño no contestaba.
Nuestro amado pringaete, cansado ya de esperar a la restitución de su honor decidió contactar con el hada buena de Iberia, y así usando ese mágico instrumento llamado teléfono contactó con ella. El hada buena de Iberia, amablemente le informó a nuestro pringaete que debía reclamar su honor a través de la web de Iberia, único medio de contacto con ellos.
Y así comenzó el arduo y peligroso viaje de nuestro pringaete a través de la laberíntica web de Iberia para encontrar al anciano mago. El único capaz de ver en su bola mágica por qué el ogro navideño aún no había restituído el honor del pringaete.
Tras largas jornadas de búsqueda, de esquivar ofertas y falsos caminos, el pringaete encontró la puerta a la guarida del mago. La puerta mágica debía ser rellenada con una serie de datos imprescindibles y que de no ser escritos en el orden correcto cerrarían el camino del pringaete para siempre. Pero nuestro héroe, nuestro pringaete, en su infinita sabiduría supo dar la respuesta correcta, y tres semanas después, el anciano mago le hizo llegar su respuesta.
Pero hete aquí, que la respuesta del mago no era la propia de alguien con semejante sabiduría, sino más bien, el tipo de respuesta que alguien esperaría leer en la sección del horóscopo de un periódico. Así que nuestro pringaete, con una creciente ira tras la larga espera sin respueta del ogro navideño, y la vaga contestación del mago, se dispuso a contestar al pergamino eléctrónico del mago.
Pero su gran sorpresa fue, cuando tras finalizar su respuesta y entregarle el pergamino electrónico a la nube mesajera, esta le informó de que el mago había destruído esa dirección. Así, de esta forma, nuestro pringaete no tuvo más remedio que lanzarse de nuevo a la aventura de encontrar la guariada del anciano mago en la página de Iberia, única fuente de contacto con el malvado ogro navideño.
Y tras conseguirlo, y exigir audiencia con el anciano mago, nuestro amado pringadete se quedó esperando a que un día, el minotaruo de Iberia, llamara a su puerta para romperle las piernas.
Se levantó tan pronto porque su avión salía del aeropuerto (pongamos por ejemplo Pamplona) a las 6:50. Así entre legañas y bostezos tomó un rápido desayuno, se subió al coche y se fue al aeropuerto que queda a una hora de su casa. Tan pronto a la mañana no hay tráfico pensó, y con un vuelo tan pronto y un aeropuerto tan pequeño no habrá mucha gente y una hora de antelación bastará.
A esto ocurrió que nuestro amigo el pringaete llegó a su hora al aeropuerto de Pamplona. Aún estaba oscuro y hacía frío, pero en un acto de arrojo y valentía salió del coche y se dirigió a la terminal casi vacía a través del tenebroso parking del aeropuerto, poblado de vacilantes sombras y seres extraños con ojos cuasi cerrados y andares erráticos.
Según se acercaba a la incandescente luz de la terminal, nuestro pringadete se llenaba de coraje y alegría al haber llegado sin contratiempos a la cita con su amada vía aérea. Pero toda esta alegría se vino abajo al comprobar que el malvado ogro navideño había secuestrado su vuelo.
Inútilmente nuestro amado héroe buscó al guardián de la puerta del equipaje, no estaba allí, y a lo único que podía aferrarse era al cartel informativo en el que se anunciaba la cancelación del vuelo.
Minutos después, tras una angustiosa espera, el guardián de la puerta del equipaje de Iberia apareció como aparecen los seres elevados, discretamente, sin hacer ruido, observando a la angustiada plebe intentando no soliviantar su ánimo. Y con flema profesional se dedicó a recolocar al resto de pringaetes y pringaetas que se habían quedado sin vuelo.
Nuestro pringaete tuvo la fortuna de cazar un asiento en el siguiente vuelo a Madrid donde tenía que coger su conexión para llegar a su casa en el extranjero. Pero no todo iba a ser tan fácil, pues el malvado ogro navideño lo había planeado todo, ya que el vuelo a Madrid salía a la misma hora que su vuelo al extranjero desde Madrid. Pero era su día se suerte, y consiguió la última plaza del vuelo al extranjero. ¡Hurra! Eso sí, 7 horas más tarde de lo previsto.
Indignado ante tal atropellado, ante tal osadía y brivonada por el ogro navideño, nuestro pringaete se fue a buscar al Sabio de Iberia para que le narrara los detalles de lo ocurrido y exigir una restitución a su honor.
El Sabio de Iberia, con cara de resignación tras varios días atendiendo a pringaetes y pringaetas en atención al cliente, le deslizó por la ranura del cristal mágico un conjuro para que el pringaete rellenara. Este mágico conjuro conseguiría que el malvado ogro navideño se llenara de culpa y pesar, y, en un acto de constricción, compensara al pringaete por el daño causado por sus malas acciones.
Tras rellenarlo y guardarse una copia, nuestro pringadete se sentó en las gradas del gran salón de recepciones a esperar la salida de su nuevo vuelo a Madrid dos horas después. Pero el malvado ogro navideño, oculto en su oscura guarida tenía otros planes, y así se las apañó para que el vuelo llegara y saliera tarde.
Al fin, el gran cantor hizó resonar su voz chillona y llena de ruido para que los pringaetes y pringaetas que volaban a Madrid se dirigieran al control de seguridad, donde los caballeros del arco magnético comprobaban que ningún malvado malandrín pudiera colarse y hacer daño a los pringaetes.
A su llegada al mágico recinto de la T4 de Barajas, nuestro pringadete, con un poco de resignación y mucho de sueño, se dispuso a pasar las 5 horas y pico hasta su siguiente vuelo. Pero antes de salir, como el estómago le reclamaba su peaje, decidió ir al gran oráculo de Iberia en la T4 a que le dieran el pergamino canjeable por una comida al que tenía derecho. Pero el oráculo no estaba disponible, pues una gran orda de pringaos esperaba durante horas a que les resolvieran sus problemas. El ogro navideño había lanzado un gran ataque general y los afectados no se podían contar ni con 100 manos.
Al fin, tras mucha espera, mucho sueño y mucho arrojo, nuestro pringaete llegó a su casa con la esperanza de que el conjuro tuviera efecto y el malvado ogro navideño le restituyera por sus daños.
Pero he aquí que el tiempo pasaba, los árboles, antaño desnudos empezaron a cubrirse con su verde manto. El sol, antes desaparecido, empezaba a visitarle cada vez con más frecuencia mientras el insensible frío se tomaba unas cortas vacaciones. Y sin embargo, el malvado ogro navideño no contestaba.
Nuestro amado pringaete, cansado ya de esperar a la restitución de su honor decidió contactar con el hada buena de Iberia, y así usando ese mágico instrumento llamado teléfono contactó con ella. El hada buena de Iberia, amablemente le informó a nuestro pringaete que debía reclamar su honor a través de la web de Iberia, único medio de contacto con ellos.
Y así comenzó el arduo y peligroso viaje de nuestro pringaete a través de la laberíntica web de Iberia para encontrar al anciano mago. El único capaz de ver en su bola mágica por qué el ogro navideño aún no había restituído el honor del pringaete.
Tras largas jornadas de búsqueda, de esquivar ofertas y falsos caminos, el pringaete encontró la puerta a la guarida del mago. La puerta mágica debía ser rellenada con una serie de datos imprescindibles y que de no ser escritos en el orden correcto cerrarían el camino del pringaete para siempre. Pero nuestro héroe, nuestro pringaete, en su infinita sabiduría supo dar la respuesta correcta, y tres semanas después, el anciano mago le hizo llegar su respuesta.
Pero hete aquí, que la respuesta del mago no era la propia de alguien con semejante sabiduría, sino más bien, el tipo de respuesta que alguien esperaría leer en la sección del horóscopo de un periódico. Así que nuestro pringaete, con una creciente ira tras la larga espera sin respueta del ogro navideño, y la vaga contestación del mago, se dispuso a contestar al pergamino eléctrónico del mago.
Pero su gran sorpresa fue, cuando tras finalizar su respuesta y entregarle el pergamino electrónico a la nube mesajera, esta le informó de que el mago había destruído esa dirección. Así, de esta forma, nuestro pringaete no tuvo más remedio que lanzarse de nuevo a la aventura de encontrar la guariada del anciano mago en la página de Iberia, única fuente de contacto con el malvado ogro navideño.
Y tras conseguirlo, y exigir audiencia con el anciano mago, nuestro amado pringadete se quedó esperando a que un día, el minotaruo de Iberia, llamara a su puerta para romperle las piernas.
lunes, 11 de mayo de 2009
Hace un par de días leí en Microsiervos esta reseña sobre el libro "Fuera de serie". Al parecer habla sobre la suerte como un factor para tener éxito. Eso me recordó a algo que leí hace bastante tiempo en la web del extinto equipo Jordan de F1.
Tenían una página sobre cómo encontrar trabajo en la F1 y, una de las cosas que explicaban era qué era necesario tener para poder entrar en ella. Sobre todo me quedó grabado por la sinceridad. El texto decía así (más o menos): "además de buenos conocimientos técnicos y experiencia. Para entrar en la Fórmula 1 se necesita suerte".
Pero no sólo para la F1, sino para todo. Se necesita la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Seguro que todos conocemos auténticos zoquetes en muy buenos puestos mientras otra gente brillante se pudre en puestos inútiles.
Y aunque suene pesimista, muchas veces lo que consigamos va a depender más de las circunstancias que de nuestras propias capacidades. Por eso me revientan los que van presumiendo de lo que tienen o han conseguido, porque en la mayoría de los casos no han hecho nada para ganárselo excepto tener suerte. Porque la suerte no siempre se trabaja ni es justa como dicen.
Por eso es bueno saber cómo ha llegado a la gente a donde ha llegado, para separar el grano de la paja, porque el puesto no indica la capacidad. Y por eso a veces toca pelear más que los demás, para compensar la suerte, o mala suerte, que hayamos tenido.
Tenían una página sobre cómo encontrar trabajo en la F1 y, una de las cosas que explicaban era qué era necesario tener para poder entrar en ella. Sobre todo me quedó grabado por la sinceridad. El texto decía así (más o menos): "además de buenos conocimientos técnicos y experiencia. Para entrar en la Fórmula 1 se necesita suerte".
Pero no sólo para la F1, sino para todo. Se necesita la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Seguro que todos conocemos auténticos zoquetes en muy buenos puestos mientras otra gente brillante se pudre en puestos inútiles.
Y aunque suene pesimista, muchas veces lo que consigamos va a depender más de las circunstancias que de nuestras propias capacidades. Por eso me revientan los que van presumiendo de lo que tienen o han conseguido, porque en la mayoría de los casos no han hecho nada para ganárselo excepto tener suerte. Porque la suerte no siempre se trabaja ni es justa como dicen.
Por eso es bueno saber cómo ha llegado a la gente a donde ha llegado, para separar el grano de la paja, porque el puesto no indica la capacidad. Y por eso a veces toca pelear más que los demás, para compensar la suerte, o mala suerte, que hayamos tenido.
viernes, 24 de abril de 2009
Y llegó el día
En el que han bloqueado twitter desde la empresa. Genial, ahora en vez de postear de vez en cuando en twitter seguiré perdiendo el tiempo leyendo pdfs, ¿o es que acaso creen que por no ver Internet voy a estar más ocupado? Para eso, necesitan darme trabajo.
Hmm, complejo razonamiento... para que alguien trabaje necesita recibir trabajo... ¿acaso no es suficiente con cortar Internet y toda clase de distracción?
Hmm, complejo razonamiento... para que alguien trabaje necesita recibir trabajo... ¿acaso no es suficiente con cortar Internet y toda clase de distracción?
miércoles, 1 de abril de 2009
¿Feliz aniversario?
Hoy hace dos años que empezé a trabajar aquí. Bueno, oficialmente, porque realmente mi primer día de trabajo fue el 2 de abril, el 1 era domingo (¿un presagio?).
Pues eso, que ya llevo no sé muy bien cómo dos añitos y sin ninguna intención de llegar al tercero.
Pues eso, que ya llevo no sé muy bien cómo dos añitos y sin ninguna intención de llegar al tercero.
viernes, 23 de enero de 2009
¿Multitarea?
- Los directivos de Top Secret S.L. estaban contentos.
- En pocas semanas tendrían terminada un arma revolucionaria que acabaría con aquella guerra. Por supuesto ellos la ganarían.
- Top Secret S.L. contaba con los mejores científicos e ingenieros del país. Quienes se habían presentado "voluntarios" para crear nuevas armas.
- Ni los directivos ni nadie sabían muy bien por qué luchaban, pero había que ganar a toda costa.
- Por ello, para proteger al país y su segura victoria habían instalado una complejo sistema de seguridad en la empresa.
- Nadie podía entrar en la empresa si Paco, el conserje, no habría la puerta. Y sólo Paco podía abrirla.
- Paco era un empleado fiel. Trabajaba en Top Secret S.L. desde hacía mucho tiempo. Además los directivos pensaron que era la mejor forma de proteger la empresa.
- Si sólo uno podía abrir la puerta se reducía el riesgo de espionaje, y siempre podían controlar a una persona para que no les traicionara.
- Todo fue bien hasta una mañana en la que Paco no apareció. Los mejores científicos e ingenieros del país esperaron en la puerta durante horas.
- Pero Paco no apareció. Lo que los mejores científicos e ingenieros del país no sabían era que la tarde anterior Paco fue atropellado por un camión cuando paseaba al perro.
- Los directivos tardaron varios días en saber lo que había pasado. Como no podían entrar en la empresa no recibían las llamadas.
- Ahora necesitaban que alguien abriera la puerta. Pero la empresa de seguridad que instaló la puerta tardaría varias semanas en venir.
- Era todo un desastre. El proyecto se retrasaría varias semanas, y el país necesitaba ese arma urgentemente.
- Una semana después su país aceptaba una rendición incondicional. Habían perdido la guerra.
Es cierto que hay muchas tareas que sólo necesitan una persona. Pero debe haber alguien capaz de sustituirla. Claro, al principio no lo hará tan bien, ¡pero debe haber alguien!
No es aceptable que alguien tenga que esperar dos semanas para una contraseña por que el informático está de vacaciones. Que todo el proceso de contratación de una persona tenga que empezar de nuevo porque el responsable de Recursos Humanos se ha ido y nadie más sabía de ese proceso. No resolver un problema a un cliente porque la persona encargada no está, etc. Todo eso sólo perjudica a la empresa.
Los trabajadores debemos ser reemplazables (no, señor empresario, esto no significa que seamos despedibles, pillín ;). Debe ser posible para alguien en un momento dado el sustituir a un compañero. Que sepa un poco qué es lo que hace, que la información esté bien organizada y disponible para toda persona que la pueda utilizar. Las acciones tienen que estar documentadas, yo puedo saber por qué hice algo, pero no el que me sustituya cuando deje la empresa.
No son acciones complejas pero en gran parte solucionan el problema y facilitan la vida de todo el mundo, y la imagen de la empresa. ¡Además mejora las capacidades de tus empleados!
No basta conque alguien te ponga al día de lo que hace para que le cubras un par de semanas cuando se va de vacaciones. Las personas nos ponemos enfermas, sufrimos accidentes, dejamos las empresas. Y si no hay documentación que explique lo que ha hecho, o cómo se hace, o nadie sabe qué o cómo se hace, habrá un periodo de adaptación en el que las cosas no funcionarán del todo bien o peor, ¡se cometerán errores pasados!
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